El Paseo
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─ De todos modos, prefiero ver la sociedad sin hacer caso de eso que dicen: lo establecido. A mi abuelo lo acaban de enterrar en la resi, vale ¡está de puta madre! tendrías que verlo, el cabrón no deja de sonreír. Me alegro por él. Paso de viejos amargados metidos en casas, donde nadie les hace caso y son ignorados por la propia familia. ¡Que sí, lo sé!, lo quieren con locura ¡es el abuelo! Por eso el mío está bien en su resi, así no lo vuelven loco con tanta responsabilidad. Tendrías que ver las conversaciones entre mi tío y mi madre, callan más que hablan. ¡Dios, qué cabrón el abuelo! qué feliz le veo... Cuando le veo. Mañana iré a verle, venga, así te vienes. Pero te vienes.
─ …
─ Como te decía, no me gusta ver las cosas así como establecidas. ¡Odio cuando mencionan la palabra realista! Hijo ¿cuándo pensarás un poco? ¡Sé realista alguna vez! Comeos vuestra realidad y dejarme pensar ¡Coño! ¿No es eso lo que me estáis pidiendo? ¡Qué! ¿Tú qué piensas? Joder, qué calladito estás hoy.
─ Pienso igual.
─ ¿Qué piensas igual: que estás calladito o que es bueno pensar? ¡Qué piensas! Joder macho, deja de pensar… Lo establecido, qué sabré yo. Lo que está y lo que no está. Qué sabrán ellos. Qué mierda. ¡Qué mierda más gorda, me parto de risa macho! Ayer me leí un artículo, ponía: una de las grandes preocupaciones familiares hoy en día es el cuidado de los mayores. Muchas familias se ven obligadas a enviar a los abuelos a residencias, o asignarles cuidadores… o ¡Ostias! Se ven obligadas, nos vemos obligados. Es normal, los tiempos cambian, todos trabajamos, nadie tiene tiempo. El significado del tiempo cambia. Todos reivindicamos el tiempo para nosotros mismos ¡No tengo tiempo! Claro, como las cosas cambian, la sociedad cambia y así, y así, nos tenemos que tragar las consecuencias. Nos tenemos que creer las consecuencias. Como si todo fuera dado, un todo establecido. Eso sí, el periodista basaba su artículo en los diferentes tipos de cuidados y servicios sociales para la tercera edad: resis, centros de día, asistentas… todo un abanico de posibilidades a su disposición señor cliente. Vea que puede elegir, no se queje, la solución es dar un paso hacia el modelo que más le convenga, lo último que queremos dañar es su comodidad y su bolsillo. Desde luego. He puesto tono de comercial idiota porque así me imaginé al periodista que escribió el artículo. O no… o era el puto amo. A mí me hace rabiar, pero mira qué feliz está el cabroncete de mi abuelo, tienen unas niñas allí cuidándolo... Me pasaba una temporada… ¡Qué! ¿Oye tío te tengo que dar un codazo para que hables?
─ No tío.
─ El periodista era el jefe. El jefe de la manada. A mí desde luego me ha hecho pensar. Mira, ¿ves?, estoy pensando. Joder… estoy criticando las cosas, ¿no? Esto es pensar, claro que sí. El jodido reportero estaba obligado a hablar del tema de las resis, y claro, no iba a ponerse a predicar, y te pongo tono telediario para que vayas catando mis dotes: ya que los tiempos están cambiando, a peor, y que ya las familias no tienen tiempo ni de cuidar a sus mayores… porque tienen que haber muchos sueldos en casa, mucho estudio, y muy poca pereza… todo consecuencia de un sistema que nos idiotiza convenciéndonos de que los cinco juegos de platos de cocina los tenemos porque somos muy listos, ganamos chonta y sabemos gastar y bla, bla, bla… Qué pesado, ¡no iba a decir todo eso! Pero como es algo que ya lo sabemos, bueno quizá no todos, ¡pero él sí, y confía! Pues directamente suelta su reportaje, para seguir cobrando, sin interferencias. Es tan jefe que me hacer pensar. Me hace pensar que no todo está establecido, es decir, que no es algo normal tener que elegir entre las fantásticas posibilidades que nos dan para deshacernos del viejo. Podría ser diferente, todo podría ser diferente. Que tenga que elegir es consecuencia de algo, como la obligación que tenía el periodista de asumir que las cosas son así y punto: mira, esto es lo que hay… No sé, a veces le veo como un pringao, puto periodista ¿Y si hay gente que no se empapa y piensa que es totalmente normal meter a los viejos en cárceles de lujo? ¿Ése sería más idiota? ¿Lo sería? El cabrón es el periodista por andar callando, que nadie nace sabiendo. Yo no me callo, ¿me ves? ¿me ves? no callo… ¡Coño di algo!
─ ¿Tienes un piti?
─ Vete a la mierda. Sabes que lo he dejado, desde nochevieja… No fumo una mierda, que le den por el culo al tabaco. Qué cabrón mi abuelo, no sabes cómo le quiero. No pienses que soy maricón. Pero le quiero, y está feliz. Para mí eso es cojonudo, lo principal. Además, me comunico con él de una manera especial ¿sabes? No te voy a decir que sea su nieto favorito, paso de eso. Lo sé, sin más. Sé que ve en mí algo más. Aunque a decir verdad mira que primos tengo… qué panda. Les haría pasar una noche entre cartones, coño, a ver si cambian. Pero mira, el fútbol es el fútbol y si lo adoran… pues que lo adoren. Mi abuelo no, él es especial y… le veo ahí sentado, en el salón de la resi… siempre con el periódico... ¡Dios, cómo cata! Es un catador de primera. Mañana te vienes fijo macho. Te vienes porque quiero ir a visitarlo ¡Qué! Estás pálido tío. Te veo todo el rato mirando para abajo. Que no pasa nada ¡nada! que nadie te obliga a mirar al suelo, no seas chorra. Bueno, sólo es otra opción, pero ¡mira yo! hoy para arriba, paso del suelo, ojos al frente. Qué ¿quieres unos euros para pillar tabaquito? No sé, igual andabas buscando monedas. Venga, toma. Mira, tienes ahí enfrente un estanco. Joder tío ese estanco tiene más años… ¡que mi abuelo, qué pasada! Joder cada vez que pienso en él… qué cabrón… me pongo triste… Va, venga, a ver si voy a empezar a agachar la cabeza yo también. Vamos, te acompaño al estanco. El abuelo, tú, ese sí que fuma, tres cajetillas lo menos. Yo paso.
─ Sólo necesito un euro ¿tienes?
─ Claro. El dinero, entre colegas me lo puedes pedir todo. Cada vez, paso más del dinero. Para qué a ver, ¿para qué coño sirve? Para acumular cosas, cosas, cosas y cosas. Como mi árbol de navidad, que cada año está más cargado de bolas y americanadas aquí y allá, como el Santa Clos ese. Qué pringao, tú, el Santa. Por mí, que se vaya a la mierda. Si el mamón es el fan number one de la coca. De la cooola. Joder tío no me sonrías con esas tonterías que estamos a martes y… tú ni siquiera sabes nada de nada. ¡Mira, escucha…! era el loco del Moro, por ahí va todo follado. Está como una cabra, qué cabrón como farda con el coche. Siempre que se compra uno nuevo, a fuego por el barrio. Ya me mola el forfiii. Oye morao, no me eches el humo a la cara que no quiero ni olerlo. Venga, vamos a darnos prisa que llegaremos tarde.
─ ¿Tienes hora?
─ Qué tontería, comprarse un coche tras otro, ¿a qué fin? Qué ganas tiene la gente de ponerse a trabajar para los bancos. Como si no tuviese bastante con su propia empresa, ¿no basta con un jefe? Aunque, soy de los que opinan que a los jefes no hay que odiarlos, es un tópico, no, ¿cómo es? Típico tópico, eso, típico tópico. Joder que sí ¡Pero si no tienen más remedio que serlo! Son yo-s o tú-s. Bueno, tú-s no, porque macho, hoy te llevas el oscar a la película muda de la centuria, ni Keaton. Me mofo de la peña que va siempre gritando: ¡putos jefes, habría que matarlos a todos! Qué ignorancia… Lo dicen como si los jefes tuvieran un clan, un lema común ¿Te imaginas? ¡La Nueva Internacional, sólo para jefes! dónde podrás compartir tu ideología de mando y dominación. ¡Pero si ellos mismos son unos mandados! Esos que critican, cuando sean jefes verás, entonces callarán ¡No! Encima presumirán de lo buenos jefes que son: porque yo sí sé llevar este cargo como hay que llevarlo. Eso sí, mi jefe es un cabrón…
─ ¿Quién, Manu?
─ Sí, el Manu ¡Esquetío! Cómo me toca los cojones que vaya de sabelotodo y de supergenio. Si tuviera veinte años más que yo me callaría, pero encima es un enano. Un enanito chiquitín, chiquitín, que me infla las pelotas hasta la estratosfera, hasta más no poder ¡Algún día, a mi jefe, lo mato!
─ …
─ Pero, en realidad, me da pena. Además, no soy violento, tú lo sabes. Me da pena porque él tiene el problema, está clarísimo. Que siga así y verá. No se puede ir así por la vida, ¡hombre! No se puede… Yo en cambio, ¿ves?, soy sincero. Aquí, contigo, le pongo verde sí, pero todo esto yo se lo digo, ¡se lo digo a la cara y bien dicho además! Paso de secretitos y chorradas. La gente que va con secretitos de un lado para otro, y le cuenta cosas a uno sí y a otro no…, mira no puedo, no les trago ¡Hay que ser sincero! Manu, mi jefe, sabe perfectamente lo que opino, por eso nos llevamos tal cual, por eso aguantamos. A ver… es normal que las personas rocen entre sí, lo llevamos en la sangre: somos amor, pero también odio, odio del bueno, ¿o no? El amor se expresa o no, eso da igual es bonito y ya está. Pero el odio sí, es algo más concreto, está definido, ¡y el odio se exterioriza! Yo, al menos, paso de tragar y guardarme toda la mierda cuando algo odio, que se lo coman otros, yo paso ¡no te jode! Se exterioriza y punto. Si odias a alguien díselo. Un momento… yo a mi jefe no lo odio, pero le digo las cosas que pienso, se las digo, no me las guardo, paso de sentirme culpable de nada. Mi conciencia está limpia, como el cielo. El cielo del campo, claro. Esta ciudad parece un vertedero, el cielo siempre está como gris, fíjate, es de un azul grisáceo… ¡Coño, y parecías tonto! Tú sí que sabes, te pasas el día mirando al suelo porque, ¡tienes razón, está hasta más limpio que el cielo! O las paredes, cuántas, paredes… Estamos rodeados de paredes, ¿eh? Mira. Mira como paso el dedo por la pared. Joder tío ¡mira, mira!...
─ Sí…
─ ¡Qué guarrada! ¡Parece que me lo he metido en el culo, qué asco! ¿No te molaría irnos a vivir al campo?... ¡Calla! ¿Qué decía esa vieja, iba hablando sola? Qué cabra… ¿Estaba hablando no sé qué de su perro? Joder, abuelo, qué bien estás en la resi. Tú sí que sabes ¡A ver si te iba a pillar a ti una loca de estas y te tostaba el día...! Imagínate, tú, jubileta, ¡imagínate!, te bajas tranquilamente a por el pan, como todas las mañanas, y ¡zas! ¡la puta vieja de siempre! Que si can, can, can… que no para de rajar todo el día. La cagas tío. Y así un día, y otro, y otro… ¡la vida del jubileta tío, es así! ¡Puto abuelo estás donde tienes que estar! Mira, para que lo oiga toda la calle: ¡¡Abuelo, te quiero!! ¡y mañana voy a visitarte! Jaime, ¿te vienes verdad?
─ Paco… soy gay.
─ …
─ Como te decía, no me gusta ver las cosas así como establecidas. ¡Odio cuando mencionan la palabra realista! Hijo ¿cuándo pensarás un poco? ¡Sé realista alguna vez! Comeos vuestra realidad y dejarme pensar ¡Coño! ¿No es eso lo que me estáis pidiendo? ¡Qué! ¿Tú qué piensas? Joder, qué calladito estás hoy.
─ Pienso igual.
─ ¿Qué piensas igual: que estás calladito o que es bueno pensar? ¡Qué piensas! Joder macho, deja de pensar… Lo establecido, qué sabré yo. Lo que está y lo que no está. Qué sabrán ellos. Qué mierda. ¡Qué mierda más gorda, me parto de risa macho! Ayer me leí un artículo, ponía: una de las grandes preocupaciones familiares hoy en día es el cuidado de los mayores. Muchas familias se ven obligadas a enviar a los abuelos a residencias, o asignarles cuidadores… o ¡Ostias! Se ven obligadas, nos vemos obligados. Es normal, los tiempos cambian, todos trabajamos, nadie tiene tiempo. El significado del tiempo cambia. Todos reivindicamos el tiempo para nosotros mismos ¡No tengo tiempo! Claro, como las cosas cambian, la sociedad cambia y así, y así, nos tenemos que tragar las consecuencias. Nos tenemos que creer las consecuencias. Como si todo fuera dado, un todo establecido. Eso sí, el periodista basaba su artículo en los diferentes tipos de cuidados y servicios sociales para la tercera edad: resis, centros de día, asistentas… todo un abanico de posibilidades a su disposición señor cliente. Vea que puede elegir, no se queje, la solución es dar un paso hacia el modelo que más le convenga, lo último que queremos dañar es su comodidad y su bolsillo. Desde luego. He puesto tono de comercial idiota porque así me imaginé al periodista que escribió el artículo. O no… o era el puto amo. A mí me hace rabiar, pero mira qué feliz está el cabroncete de mi abuelo, tienen unas niñas allí cuidándolo... Me pasaba una temporada… ¡Qué! ¿Oye tío te tengo que dar un codazo para que hables?
─ No tío.
─ El periodista era el jefe. El jefe de la manada. A mí desde luego me ha hecho pensar. Mira, ¿ves?, estoy pensando. Joder… estoy criticando las cosas, ¿no? Esto es pensar, claro que sí. El jodido reportero estaba obligado a hablar del tema de las resis, y claro, no iba a ponerse a predicar, y te pongo tono telediario para que vayas catando mis dotes: ya que los tiempos están cambiando, a peor, y que ya las familias no tienen tiempo ni de cuidar a sus mayores… porque tienen que haber muchos sueldos en casa, mucho estudio, y muy poca pereza… todo consecuencia de un sistema que nos idiotiza convenciéndonos de que los cinco juegos de platos de cocina los tenemos porque somos muy listos, ganamos chonta y sabemos gastar y bla, bla, bla… Qué pesado, ¡no iba a decir todo eso! Pero como es algo que ya lo sabemos, bueno quizá no todos, ¡pero él sí, y confía! Pues directamente suelta su reportaje, para seguir cobrando, sin interferencias. Es tan jefe que me hacer pensar. Me hace pensar que no todo está establecido, es decir, que no es algo normal tener que elegir entre las fantásticas posibilidades que nos dan para deshacernos del viejo. Podría ser diferente, todo podría ser diferente. Que tenga que elegir es consecuencia de algo, como la obligación que tenía el periodista de asumir que las cosas son así y punto: mira, esto es lo que hay… No sé, a veces le veo como un pringao, puto periodista ¿Y si hay gente que no se empapa y piensa que es totalmente normal meter a los viejos en cárceles de lujo? ¿Ése sería más idiota? ¿Lo sería? El cabrón es el periodista por andar callando, que nadie nace sabiendo. Yo no me callo, ¿me ves? ¿me ves? no callo… ¡Coño di algo!
─ ¿Tienes un piti?
─ Vete a la mierda. Sabes que lo he dejado, desde nochevieja… No fumo una mierda, que le den por el culo al tabaco. Qué cabrón mi abuelo, no sabes cómo le quiero. No pienses que soy maricón. Pero le quiero, y está feliz. Para mí eso es cojonudo, lo principal. Además, me comunico con él de una manera especial ¿sabes? No te voy a decir que sea su nieto favorito, paso de eso. Lo sé, sin más. Sé que ve en mí algo más. Aunque a decir verdad mira que primos tengo… qué panda. Les haría pasar una noche entre cartones, coño, a ver si cambian. Pero mira, el fútbol es el fútbol y si lo adoran… pues que lo adoren. Mi abuelo no, él es especial y… le veo ahí sentado, en el salón de la resi… siempre con el periódico... ¡Dios, cómo cata! Es un catador de primera. Mañana te vienes fijo macho. Te vienes porque quiero ir a visitarlo ¡Qué! Estás pálido tío. Te veo todo el rato mirando para abajo. Que no pasa nada ¡nada! que nadie te obliga a mirar al suelo, no seas chorra. Bueno, sólo es otra opción, pero ¡mira yo! hoy para arriba, paso del suelo, ojos al frente. Qué ¿quieres unos euros para pillar tabaquito? No sé, igual andabas buscando monedas. Venga, toma. Mira, tienes ahí enfrente un estanco. Joder tío ese estanco tiene más años… ¡que mi abuelo, qué pasada! Joder cada vez que pienso en él… qué cabrón… me pongo triste… Va, venga, a ver si voy a empezar a agachar la cabeza yo también. Vamos, te acompaño al estanco. El abuelo, tú, ese sí que fuma, tres cajetillas lo menos. Yo paso.
─ Sólo necesito un euro ¿tienes?
─ Claro. El dinero, entre colegas me lo puedes pedir todo. Cada vez, paso más del dinero. Para qué a ver, ¿para qué coño sirve? Para acumular cosas, cosas, cosas y cosas. Como mi árbol de navidad, que cada año está más cargado de bolas y americanadas aquí y allá, como el Santa Clos ese. Qué pringao, tú, el Santa. Por mí, que se vaya a la mierda. Si el mamón es el fan number one de la coca. De la cooola. Joder tío no me sonrías con esas tonterías que estamos a martes y… tú ni siquiera sabes nada de nada. ¡Mira, escucha…! era el loco del Moro, por ahí va todo follado. Está como una cabra, qué cabrón como farda con el coche. Siempre que se compra uno nuevo, a fuego por el barrio. Ya me mola el forfiii. Oye morao, no me eches el humo a la cara que no quiero ni olerlo. Venga, vamos a darnos prisa que llegaremos tarde.
─ ¿Tienes hora?
─ Qué tontería, comprarse un coche tras otro, ¿a qué fin? Qué ganas tiene la gente de ponerse a trabajar para los bancos. Como si no tuviese bastante con su propia empresa, ¿no basta con un jefe? Aunque, soy de los que opinan que a los jefes no hay que odiarlos, es un tópico, no, ¿cómo es? Típico tópico, eso, típico tópico. Joder que sí ¡Pero si no tienen más remedio que serlo! Son yo-s o tú-s. Bueno, tú-s no, porque macho, hoy te llevas el oscar a la película muda de la centuria, ni Keaton. Me mofo de la peña que va siempre gritando: ¡putos jefes, habría que matarlos a todos! Qué ignorancia… Lo dicen como si los jefes tuvieran un clan, un lema común ¿Te imaginas? ¡La Nueva Internacional, sólo para jefes! dónde podrás compartir tu ideología de mando y dominación. ¡Pero si ellos mismos son unos mandados! Esos que critican, cuando sean jefes verás, entonces callarán ¡No! Encima presumirán de lo buenos jefes que son: porque yo sí sé llevar este cargo como hay que llevarlo. Eso sí, mi jefe es un cabrón…
─ ¿Quién, Manu?
─ Sí, el Manu ¡Esquetío! Cómo me toca los cojones que vaya de sabelotodo y de supergenio. Si tuviera veinte años más que yo me callaría, pero encima es un enano. Un enanito chiquitín, chiquitín, que me infla las pelotas hasta la estratosfera, hasta más no poder ¡Algún día, a mi jefe, lo mato!
─ …
─ Pero, en realidad, me da pena. Además, no soy violento, tú lo sabes. Me da pena porque él tiene el problema, está clarísimo. Que siga así y verá. No se puede ir así por la vida, ¡hombre! No se puede… Yo en cambio, ¿ves?, soy sincero. Aquí, contigo, le pongo verde sí, pero todo esto yo se lo digo, ¡se lo digo a la cara y bien dicho además! Paso de secretitos y chorradas. La gente que va con secretitos de un lado para otro, y le cuenta cosas a uno sí y a otro no…, mira no puedo, no les trago ¡Hay que ser sincero! Manu, mi jefe, sabe perfectamente lo que opino, por eso nos llevamos tal cual, por eso aguantamos. A ver… es normal que las personas rocen entre sí, lo llevamos en la sangre: somos amor, pero también odio, odio del bueno, ¿o no? El amor se expresa o no, eso da igual es bonito y ya está. Pero el odio sí, es algo más concreto, está definido, ¡y el odio se exterioriza! Yo, al menos, paso de tragar y guardarme toda la mierda cuando algo odio, que se lo coman otros, yo paso ¡no te jode! Se exterioriza y punto. Si odias a alguien díselo. Un momento… yo a mi jefe no lo odio, pero le digo las cosas que pienso, se las digo, no me las guardo, paso de sentirme culpable de nada. Mi conciencia está limpia, como el cielo. El cielo del campo, claro. Esta ciudad parece un vertedero, el cielo siempre está como gris, fíjate, es de un azul grisáceo… ¡Coño, y parecías tonto! Tú sí que sabes, te pasas el día mirando al suelo porque, ¡tienes razón, está hasta más limpio que el cielo! O las paredes, cuántas, paredes… Estamos rodeados de paredes, ¿eh? Mira. Mira como paso el dedo por la pared. Joder tío ¡mira, mira!...
─ Sí…
─ ¡Qué guarrada! ¡Parece que me lo he metido en el culo, qué asco! ¿No te molaría irnos a vivir al campo?... ¡Calla! ¿Qué decía esa vieja, iba hablando sola? Qué cabra… ¿Estaba hablando no sé qué de su perro? Joder, abuelo, qué bien estás en la resi. Tú sí que sabes ¡A ver si te iba a pillar a ti una loca de estas y te tostaba el día...! Imagínate, tú, jubileta, ¡imagínate!, te bajas tranquilamente a por el pan, como todas las mañanas, y ¡zas! ¡la puta vieja de siempre! Que si can, can, can… que no para de rajar todo el día. La cagas tío. Y así un día, y otro, y otro… ¡la vida del jubileta tío, es así! ¡Puto abuelo estás donde tienes que estar! Mira, para que lo oiga toda la calle: ¡¡Abuelo, te quiero!! ¡y mañana voy a visitarte! Jaime, ¿te vienes verdad?
─ Paco… soy gay.
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